Tejido conectivo. Composición y funcionamiento

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Para  mantener al cuerpo humano erguido y poder contribuir con la estática, son necesarios los músculos, huesos y tejido conjuntivo, ya que estos contribuyen en la reequilibración, movimientos y como no, a las compensaciones (1):

  • La estructura ósea responde a la función estática, tanto en inmovilidad como en movimiento.
  • El músculo consume energía y debe vascularizarse, no responde a la función estática, ya que si esto ocurriese podría provocar atrofia, fibrosis y contracción.
  • Por el contrario, el tejido conjuntivo tiene un papel primordial en la estática, siendo este el principal objetivo de este artículo.

Plasticidad del tejido conjuntivo

Entendemos como tejido conjuntivo o conectivo a las vainas, tendones, láminas, ligamentos, cápsulas, tejidos, aponeurosis, etc. (1).

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Figura 1: Tipos de células y fibras del tejido conectivo laxo. Fuente: Google.

Es importante entender el mecanismo de remodelación del tejido conjuntivo si pretendemos influir en la estructura humana y su movimiento. La tensión que soporta un material deforma, aunque sea solo ligeramente ese material, forzando las uniones entre las moléculas (2). Puede interesarte: Anatomia del sistema fascial.

Composición del tejido conjuntivo

El tejido conectivo está presente en todo nuestro cuerpo, cumpliendo por un lado con las funciones de soporte y unión de las diferentes estructuras del organismo, y por otro, definiendo a través de finos tabiques, entre sí, a las diferentes unidades (3):

  • Células: Representan alrededor del 20% del volumen de todo el tejido conectivo y se dividen en células fijas (fibroblastos y adiposas) y células libres (macrófagos y mastocitos)
  • Matriz extracelular: Es el medio en el que crecen, viven y se desplazan las células. Se compone de fibras (elastina, colágeno y reticulina) y la sustancia fundamental (especie de sustancia gelatinosa compuesta por largas y entrelazadas moléculas de proteoglicanos).
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Figura 2: Tipos de células y fibras del tejido conjuntivo laxo. Fuente: Google.

Distribución de los componentes básicos del tejido conjuntivo

  1. Tejido conectivo denso regular: presente en tendones, ligamentos y las aponeurosis (3).
  2. Tejido conectivo denso irregular: presente en las cápsulas articulares, la dermis, el periostio, la aponeurosis, la duramadre, las vainas de los grandes nervios, etc (3).
  3. Tejido conjuntivo laxo: presente en las envolturas viscerales, neurológicas y musculares y también en la fascia subcutánea (3).

Si practicamos un corte trasversal del fémur de dos individuos que hayan adoptado posturas y hábitos diferentes, veríamos que las cabezas femorales presentan trabéculas ligeramente diferentes, específicamente diseñadas para resistir mejor las fuerzas características generadas por esa persona específica. Esta es la forma en en la que el tejido conjuntivo responde a la demanda (2).

Un ejercicio continuado o un pleno sedentarismo, correr 30 km a la semana o agacharse 50 horas semanales en un arrozal, los componentes extracelulares que se encuentran en el camino de la tensión se modifican para cubrir esta demanda, dentro de los límites impuestos por la nutrición, la edad y la genética (2).

En el hueso las corrientes de tensión desarrollan una remodelación gracias a dos tipos de osteocitos: los osteoblastos y los osteoclastos (2).

  • Los osteoblastos construyen nuevo hueso, siempre dentro del periostio.
  • Los osteoclastos detruyen el hueso viejo. Pueden actuar en cualquier hueso, excepto en aquellas partes sometidas a una carga mecánica.

Presentación de un caso muy común en la actualidad

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Figura 3. Fuente: Google.

Una persona con el típico encorvamiento, donde la cabeza se desplaza hacia delante, el pecho desciende y la espalda se arquea. Algunos músculos de la espalda serán los encargados de evitar que la cabeza caiga aún más hacia delante (supone como mínimo una séptima parte del peso corporal en la mayoría de los adultos). Estos músculos deberán permanecer en contracción isométrica o excéntrica durante todas o cada una de las horas de vigilia del individuo (2).

Los músculos están diseñados para contraerse y relajarse alternativamente, pero estos músculos en particular estarán sometidos a una tensión constante, una tensión que no les permite disponer de su capacidad completa y favorece al desarrollo de los puntos gatillo. Estos músculos o porciones deben actuar como correas (2).

Si se estira la fascia rápidamente, se desgarrará (lesión más frecuente del tejido conjuntivo). Si el estiramiento se produce de forma progresiva, se deformará: modificará su longitud y mantendrá ese cambio. El músculo es elástico y la fascia es plástica.

En este encorvamiento, los fibroblastos de la zona secretan más colágeno dentro y alrededor del músculo para reforzar la correa.

¿Cómo podemos abarcar esta deformación?

Un músculo sobrecargado y desnutrido, puede presentar una disminución de la funcionalidad, dolor asociado a puntos gatillo y debilidad, junto con un aumento del tixotropismo en la sustancia fundamental circundante y un incremento de la toxicidad metabólica. Aunque este proceso puede invertirse mediante la práctica de algunas terapias: la tensión puede reducirse mediante manipulación y ejercicio, la fascia se reabsorbe enzimáticamente y el músculo recupera la totalidad de la función. Para que se produzca esta resolución de estas situaciones son necesarios que se produzcan dos procesos, si solo está presente uno de estos dos elementos, los resultados serán temporales o insatisfactorios (2).

  1. Una apertura del el tejido en cuestión, para ayudar a restablecer el flujo de líquidos, la función muscular y la conexión con el sistema nervioso sensorial y motor.
  2. Una reducción de la tracción biomecánica que provocó la sobrecarga del tejido en un  primer momento.

En el encorvamiento anterior los músculos de la región dorsal del cuello y la región superior de los hombros se habrán tensado, fibrosado y distendido, por lo que será necesaria una intervención. Pero será necesario abordar primero, mediante una elongación, la tracción concéntrica de la región anterior, ya proceda esta del tórax, el abdomen, las caderas o cualquier otro punto, así como reorganizar las estructuras subyacentes para el sostén del cuerpo en esta supuesta nueva postura, o más bien, en su supuesta postura original o fisiológica (2).

En resumen, debemos hacer una valoración global y actuar a nivel local, para después actuar a nivel global e integrar las soluciones locales en el conjunto de la estructura del individuo.

Lectura recomendada: La importancia del sistema fascial

BIBLIOGRAFÍA

  1. Busquet, L. (2005). Las cadenas musculares (Tomo 2). Lordosis, cifosis, escoliosis y deformaciones torácicas.
  2. Myers, T. W. (2014). Vías anatómicas. Meridianos miofasciales para terapeutas manuales y del movimiento. Elsevier España.
  3. Pilat, A. (2003). Terapias miofasciales: Inducción miofascial. McGraw-Hill Interamericana de España.

 

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