¿Pueden los pensamientos generar dolor?

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Introducción

Después de un cierto tiempo conviviendo con nuestro amigo el dolor, pueden llegar a producirse algunos cambios en el cerebro, causados en gran medida por la repetición continua del mismo, llegando en ocasiones a tener el dominio de todos los aspectos de nuestra vida, como el trabajo, amistades, vida familiar, aficiones, pensamientos, deportes, emociones, devociones y creencias. Se entiende como dolor crónico cuando este se prolonga durante más de seis meses y no se alivia con tratamientos médicos ni quirúrgicos.

Nuestro sistema nervioso se hace cada vez más sensible, produciendo cambios en el sistema nervioso simpático y parasimpático (lo veremos en próximas entradas) y sistemas endocrino, inmunitario y motor.

Llegados a este punto, debemos tener claro que los pensamientos y creencias también son impulsos nerviosos, y que cuando el sistema está realmente sensibilizado (como pasa con el dolor crónico), aunque los estímulos no se relacionen con un daño en los tejidos, si el cerebro los considera peligrosos, puede ser suficiente para provocar dolor ¡Esto puede suceder sin que ni siquiera seamos conscientes de ello!

Se sabe que en personas con dolor persistente, con solo pensar en realizar un movimiento ya perciben dolor, ¡Solo imaginarlo ya duele! Así que el miedo y los pensamientos a realizar ciertas actividades y el miedo de volver a lesionarte son capaces de agravar nuestro dolor.

Los pensamientos son impulsos nerviosos

Como ya he comentado, los pensamientos mentales son tan potentes que pueden perpetuar una situación de dolor. Algunos de los más potentes virus del pensamiento, en personas con dolor persistente y que no conocen la fisiología del dolor pueden ser (1):

– Tengo dolor, algo malo pasa en mi cuerpo.

– Voy a quedarme en casa, a aislarme de todo.

– ¿Nadie puede solucionarme mi dolor?

– No haré nada por el miedo de volver a lesionarme.

– No voy a hacer nada hasta que se me pase el dolor.

El sistema central de alarma sensibilizado

Se conoce por sensibilización central a la existencia de una sensibilidad excesiva del dolor en el cerebro y médula espinal. Características más comunes (1):

– Tu propio diagnóstico: Una vez que los tejidos no son el problema principal, no sirve de nada intentar comprender tu etiqueta diagnóstica.

Es mejor intentar comprender los sistemas concretos que caracterizan tu presentación clínica individual.

– El dolor persiste: Si pasó el tiempo de curación de los tejidos… ¿Existe algún motivo para que los tejidos lesionados no se hayan curado?

– El dolor se va extendiendo: En el sistema nervioso no existen barreras.

La sensibilización del sistema de alarma y del cerebro implica que el cerebro está informado erróneamente de un peligro mayor y el cerebro hace que más áreas de tu cuerpo duelan.

– El dolor se agrava: estrategia usada por el sistema de alarma y cerebro para que huyas.

La mayoría de estos cambios en el sistema de alarma tienen como objetivo aumentar la frecuencia de los mensajes de peligro, que se envían al cerebro.

El cerebro concluye que hay un peligro grave: hará que duela más.

– Muchos movimientos duelen (incluso los pequeños): Cada incremento de la sensibilidad del sistema de alarma reducirá la cantidad de movimiento que pueda hacerse antes de que el sistema de alarma te indique que no sigas.

Cuando la orquesta ha llegado a acostumbrarse a interpretar el dolor, simplemente imaginarse un movimiento puede provocar dolor.

– El dolor puede ser impredecible: Puede que un día te duela, pero al siguiente no.

De repente sentir una puñalada de dolor que no tiene relación con nada.

Puede darse un período de tiempo antes de que el dolor aparezca después de una actividad (horas o días incluso). Esta latencia no se da habitualmente cuando los tejidos están lesionados y es una característica de un sistema de alarma sensibilizado.

– Existen otras amenazas en la vida: previas, actuales y futuras.

A veces, es posible identificar sucesos traumáticos físicos y emocionales (incluso de hace años). Un cerebro más vigilante ante una amenaza.

Los sucesos traumáticos recurrentes o múltiples darían más motivos para que el cerebro se vuelva más protector aún del cuerpo. Hay que recordar que la mejor manera para proteger al cuerpo es hacer que duela.

– Puede que te identifiques con alguna de estas frases que se oyen comúnmente.

  1. Me duele solo pensar en él.
  2. Solo de mirar a alguien ya me duele.
  3. Empezó en un punto y ahora me duele por todas partes.
  4. El dolor tiene vida propia o empezó en el otro lado del cuerpo.
  5. Si menciona un diagnóstico seguro que lo tengo.
  6. Con un cubata me duele menos.
  7. Me duele semanalmente, mensualmente, cíclicamente.
  8. El tratamiento solo me alivia temporalmente.
  9. Me duele mucho más cuando estoy nervioso o deprimido.
  10. Es el mismo dolor que tuvo mi madre.
  11. Cada día me duele en un sitio distinto.
  12. Nadie se cree mi dolor.

Con este tipo de dolores, normalmente el problema no parte de los tejidos, si no en el S.N. y el cerebro, algo real, comprensible y tratable.

Un dolor que persista durante más de 3 meses se considera dolor crónico: http://cienciadelentrenamiento.com/porque-sentimos-dolor. Dentro del dolor crónico podemos clasificar dos tipos de dolor: maligno y benigno. El dolor maligno es el que indica que existe un deterioro progresivo en nuestro organismo. El ejemplo más claro sería el dolor oncológico. El dolor benigno también lo podríamos etiquetar como dolor inútil ya que no ‘avisa’ de ningún deterioro. En muchos casos, se trata de un dolor con causa orgánica que, una vez desaparecida, todavía persiste. Incluidos en esta clase de dolor, podemos encontrar diferentes tipos: cefaleas, fibromialgia, dolor lumbar, neuropatías, etc. Dentro del dolor benigno, en algunos casos, podemos oír el término de dolor psicógeno para referirse a que la causa es enteramente psicológica (2).

Algunos diagnósticos y su relación con el dolor

  • Fibromialgia: Dolor en los músculos y ligamentos.
  • Desorden doloroso somatoforme: Dolor debido a neurosis.
  • Síndrome fatiga crónica: Siempre cansado.
  • Síndrome miofacial: Dolor en músculos y fascia.
  • Dolor lumbar inespecífico: Dolor lumbar no causado por algo concreto.
  • Síndrome de dolor psicosomático: Dolor provocado por pensamientos y emociones.
  • Lesiones por sobrecarga: Dolor iniciado por movimientos repetitivos.
  • Dolor neuropático inespecífico: Dolor provocado por nervios dañados.

Conclusiones

  • Una vez conocemos algunos aspectos más sobre el dolor, debemos conocer las causas que han provocado el mismo, para que a partir de ahí, valorar si el tiempo de remodelación ha terminado y por ende, no existe relación entre el dolor y el daño estructural.
  • Los pensamientos y miedos pueden llegar a generar dolor.
  • Podemos sentir dolor en zonas del cuerpo sin tener ningún daño.
  • El trato del profesional con el paciente/cliente es clave para valorar si el dolor ya no forma parte de un daño en los tejidos.
  • Será necesario un buen trabajo a nivel central en el caso de que el dolor persista durante un tiempo prolongado (3-6 meses) y se haya descartado alguna patología relacionada con el mismo.

Bibliografía

  1. Butler, D. S., & Moseley, G. L. (2010). Explicando el dolor. Noigroup Publications.

2. Queraltó, J. M. (2005). Análisis de los factores psicológicos moduladores del dolor crónico benigno. Anuario de psicología/The UB Journal of psychology,36(1), 37-60.

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