¿Me puede matar el ejercicio físico?

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En la entrada anterior sobre muerte súbita cardíaca (MSC), abordamos los factores asociados al incremento del riesgo de sufrir un evento de estas características. En este artículo descubrimos al detalle la relación entre la muerte súbita cardíaca con la práctica de ejercicio físico, por un lado nos centramos en la posibilidad de que sea desencadenante de MSC y por otro, en sus efectos beneficiosos.

Ejercicio físico como desencadenante de MSC

Resulta fundamental hacer referencia a la bibliografía que relaciona el ejercicio físico sistemático e intenso así como la participación en competición, con el incremento del riesgo de presentar un acontecimiento cardiovascular grave (MSC o paro cardiaco) en personas sedentarias o con una patología cardíaca subyacente, ya que en muchas ocasiones, actúa como detonante de la misma (1–4). ¡OJO!, hace falta recalcar lo subrayado, el riesgo de MSC lo incrementan las patologías subyacentes y no el ejercicio, es decir, si no hay presencia de tales patologías, el ejercicio no tiene por qué representar riesgo alguno. Existen ciertas patologías asintomáticas que pueden pasar desapercibidas y no ser problemáticas con las actividades normales de la vida diaria pero que pueden manifestarse antes esfuerzos intensos (5,6).

El incremento del riesgo de MSC ante el ejercicio físico vigoroso tiene lugar a corto plazo, tanto durante el ejercicio (Figura 1) como poco tiempo después de haberlo concluido (7–10). Así mismo, el ejercicio físico realizado de forma esporádica y con método poco riguroso, no sólo no produce mejoras sobre el rendimiento, sino que contribuye a incrementar el riesgo cardiovascular (11).

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Figura 1. Riesgo de paro cardíaco durante ejercicio vigoroso y en otros momentos a lo largo de un período de 24h, comparando hombres sedentarios con habitualmente activos. Fuente: (12)

Beneficios del ejercicio físico frente a la MSC

La práctica regular ejercicio físico ha probado mejorar los factores de riesgo cardiovascular (Figura 2) que describimos en la entrada anterior y por tanto, ser efectivo en la reducción del desarrollo de enfermedades cardiovasculares (11,12). Esta afirmación se vuelve más férrea cuando tenemos en cuenta la fuerte evidencia de los datos de mortalidad arrojados por los siguientes estudios, a los cuales, se les podría dedicar una entrada exclusiva y de los que el Dr. J.N. Morris fue pionero. En ellos, se demostró que las personas menos activas tenían el doble o triple de riesgo de morir por enfermedad coronaria (principal causas de MSC en población general tal y como vimos en la primera entrada) y por todas las causas (cardiovasculares o no) que los que eran activos (13–20).

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Figura 2. Efectos del entrenamiento aeróbico y de fuerza sobre las variables de salud y aptitud física. Fuente: (12)

Aunque no están claros los mecanismos por los que la mejora del fitness cardiovascular reduce el riesgo de MSC, a partir de lo desarrollado anteriormente podemos deducir que la reducción en el riesgo de MSC se basa en el mismo principio por el que se disminuye el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, es decir, en la mejora de los factores clásicos de riesgo cardiovascular (21), pero ¿hay alguna evidencia concreta de esto?, ¿qué ocurre al relacionar directamente la mejora en el fitness cardiovascular con la MSC?.

Tal y como se observa en la Figura 3, los grupos con un nivel moderado y alto de fitness cardiovascular (teniendo en cuenta el modelo 3 que es el más representativo) presentaron en torno a la mitad de riesgo de MSC que el grupo de bajo fitness, además, el riesgo de MSC disminuye un 14% por cada incremento de 1 MET (3,5 ml/Kg/min) (21). Estos datos no hacen más que confirmar los resultados de investigaciones anteriores en las que hallaron una reducción del riesgo de MSC de en torno al 22% por cada incremento en el nivel de condición física de 1 MET (22).

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Figura 3. Hazards ratios para MSC en hombres y mujeres de acuerdo a su nivel de fitness cardiovascular. Fuente: (21)

Conclusión

A pesar de que la práctica regular de ejercicio físico constituye un factor protector cardiovascular totalmente demostrado tal y como hemos desarrollado anteriormente, existen ciertos casos en los que su práctica (fundamentalmente a altas intensidades) es capaz de actuar como detonante de la MSC. Esto es lo que se ha denominado como la “paradoja del deporte” (2).

Los beneficios del ejercicio físico superan con creces a los posibles riesgos siempre y cuando seamos conscientes de la condición en la que nos encontramos (propias limitaciones). La práctica de ejercicio solo encenderá la mecha del riesgo después de que nosotros mismos hayamos deteriorado nuestro organismo con unos hábitos poco saludables. Estos serán los verdaderos responsables de una posible MSC.

BIBLIOGRAFÍA

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  3. Chatard JC, Mujika I, Goiriena JJ, Carré F. Screening young athletes for prevention of sudden cardiac death: Practical recommendations for sports physicians. Scand J Med Sci Sport. 2015;1–13.
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  5. Hayashi M, Shimizu W, Albert CM. The spectrum of epidemiology underlying sudden cardiac death. Circ Res [Internet]. 2015 Jun 5;116(12):1887–906.
  6. Barriales VIlla R, Oritz MF, García DA MIL. GENÉTICA, MUERTE SÚBITA Y DEPORTE.pdf. 2011;121–35.
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  14. Blair SN, Kohl 3rd HW, Paffenbarger Jr. RS, Clark DG, Cooper KH, Gibbons LW. Physical fitness and all-cause mortality. A prospective study of healthy men and women. Jama. 1989;262(17):2395–401.
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