La fatiga como factor limitante en la esclerosis múltiple

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Como ya hemos comentado en artículos anteriores, la fatiga es el síntoma más común en los enfermos de esclerosis múltiple (EM) (Conociendo la esclerosis múltiple). La manera en la que se percibe la fatiga es muy variada, pudiendo encontrarnos desde casos con un simple cansancio a casos con un aumento de la debilidad muscular asociada con la discapacidad neurológica (1).

Si explicamos esta sensación desde el punto de vista de la fisiología, se podría definir como la incapacidad que tiene un músculo o grupo muscular para producir la fuerza requerida o esperada, lo que puede deberse a la falta de fuerza del propio músculo, por debajo de la unión neuromuscular (fatiga periférica) o por imposibilidad de sustentar o mantener los impulsos centrales de las motoneuronas espinales (fatiga central) (2).

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Figura 1: Fatiga periférica y central.Fuente: 2.

Algunos autores sugieren que estos enfermos presentan un menor número de fibras musculares lentas, por lo que tienen una gran dependencia de la demanda energética anaeróbica, lo que concuerda con los datos del aumento de la fatiga y reducción de la capacidad muscular oxidativa. También se ha demostrado que la resíntesis de fosfocreatina después del ejercicio es más lenta en estas personas, como una consecuencia de la falta de uso y del desacondicionamiento (1).

Además de estos datos fisiológicos a nivel muscular, no debemos olvidar la naturaleza de la enfermedad, es decir, que la fatiga se origina a nivel central (recordemos que la EM es una enfermedad neurodegenerativa) (1).

Una vez vistos algunos factores que pueden influir en la fatiga, teniendo en cuenta que es unos de los síntomas más comunes y considerando la incapacidad que provoca, podemos imaginar cómo influye en la calidad de vida en estos enfermos (1).

Llegados hasta aquí, debemos pensar que no hay aún conocimientos suficientes de todos los procesos fisiopatológicos relacionados, pero lo que ya está más que demostrado es que el ejercicio físico regular disminuye la percepción de fatiga y aumenta la predisposición para las actividades de la vida diaria (1).

Escalas subjetivas de fatiga

Dado que la fatiga es muy subjetiva, existen un gran número de encuestas para cuantificar la fatiga, cada una de ellas con sus limitaciones y ventajas, algunas de las más empleadas son:

  1. Escala de intensidad de fatiga.
  2. Escala de impacto de fatiga.
  3. Escala de impacto de fatiga modificada.
  4. Escala específica de fatiga.
  5. Escala de fatiga analógica.

Relación entre fatiga y sedentarismo

Como se ha explicado en artículos anteriores (Ejercicio físico y esclerosis múltiple), la fatiga puede llegar a conducir a la formación de un circulo vicioso negativo: cuanta más fatiga más sedentarismo y cuanto más sedentarismo más fatiga, de ahí la importancia del ejercicio físico. El sedentarismo es un concepto distinto a la inactividad física. Actividad física se define a cualquier actividad física que conlleve un gasto de energía mayor que la del metabolismo basal. En la población general, el volumen de tiempo sentado se asocia con un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad, independiente de la actividad física, incluso se ha sugerido en algunas ocasiones que puede llevar a un mayor riesgo de mortalidad que el tabaco (3).

La conducta sedentaria se expresa a menudo como un volumen total diario (por ejemplo, minutos/día de comportamiento sedentario), pero su estructura y la distribución a lo largo del día también son importantes. Por ejemplo, el número de rutinas sedentarias durante un día y la duración de las mismas se han asociado con resultados negativos de salud, tales como la malfunción física y la independencia física (3).

Un mayor tiempo de sedentarismo se relaciona tanto con una menor resistencia para caminar y con una lentitud más evidente en la velocidad de la marcha (3).

Importancia del ejercicio físico en EM 

Los beneficios en la población normal y en algunas especiales son abrumadores, numerosos estudios los avalan. Un ejemplo de ello es la disminución o progresión de enfermedades crónicas (obesidad, cáncer, diabetes, osteoporosis, etc.).

Al contrario de lo que se ha creído hace pocos años atrás, cada vez hay más evidencia de que el ejercicio físico regular puede cambiar el rumbo de la vida de los pacientes de EM, ya que mantiene un buen nivel de capacidad física y minimiza el proceso de desacondicionamiento.

Puede que la exigencia de un supuesto gasto metabólico después de un entrenamiento aeróbico produzca una mayor sensación de fatiga, algo ya muy acentuado en esta población, aunque no debemos olvidar las mejoras que puede aportar a nivel fisiológico el entrenamiento aeróbico (mayor capilarización, captación de fibras lentas, etc). Parecen claros los beneficios del ejercicio aeróbico según la ciencia, pero la baja capacidad cardiorrespiratoria no parece ser la que más limita a la hora de realizar las actividades de la vida diaria (1). Lo que está claro es que sin una determinada fuerza muscular, llevaría a la persona a una reducción de la capacidad cardiorrespiratoria, que a su vez podría incrementar la limitación de desempeñar las actividades de la vida diaria (1).

La fuerza depende de dos factores: factores estructurales musculares y factores neurales, que incluyen la activación cortical, la transmisión del estímulo nervioso a las neuronas, el reclutamiento de las neuronas y la coordinación intermuscular e intramuscular (1).

Llegados hasta aquí, no cabe duda de que el ejercicio físico es uno de los tratamientos más importantes en enfermos de esclerosis múltiple pero, ¿Qué tipo de ejercicio físico atiende a las necesidades de esta población?, ¿Qué intensidad es la ideal de trabajo?, ¿Son mejores los entrenamientos aeróbicos y de flexibilidad que el de fuerza?

En la próxima entrada hablaremos de la importancia del entrenamiento de la fuerza para estas personas, cómo influye en la capacidad para realizar las actividades diarias y cómo repercute en una mejora de la calidad de vida.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Chicharro, J. L., & Mojares, L. M. L. (2008). Fisiología clínica del ejercicio. Ed. Médica Panamericana.
  2. Gómez-Campos, R., Cossio-Bolaños, M. A., Brousett Minaya, M., Hochmuller-Fogaca, R. T., & UNESCO, C. (2010). THE MECHANISMS INVOLVED IN ACUTE FATIGUE. Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, 10(40), 537-555.
  3. Van Zanten, J. J. V., Pilutti, L. A., Duda, J. L., & Motl, R. W. (2016). Sedentary behaviour in people with multiple sclerosis: Is it time to stand up against MS?.Multiple Sclerosis Journal, 135245

2 Comentarios

  1. Muy interesante!! Totalmente de acuerdo, por propia experiencia, en las mejoras que proporciona el ejercicio físico cuando se tiene EM; especialmente con la fatiga.
    Gracias!
    Esperando ya la entrada sobre el entrenamiento de fuerza.
    Cleo (somosem.com)

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