Concepto de obesidad y su relación con la enfermedad cardiovascular

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Introducción

Existe un acuerdo general en la comunidad científica y clínica de que la obesidad es uno de los principales problemas de salud pública de este siglo. Los primeros informes documentados sobre la obesidad datan de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

La figura 1 ilustra gráficamente la cantidad abrumadora de investigaciones enfocadas en la obesidad en las últimas décadas, con un marcado incremento a partir de fines de los años noventa. Muchos de estos estudios informaron la prevalencia del problema de la obesidad en diferentes partes del mundo.

Sin duda, el estudio más grande y más poderoso que describe la prevalencia actual de la obesidad en todo el mundo en adultos y en niños, así como la forma en que esta prevalencia ha cambiado en las últimas décadas, es la revisión sistemática realizada por Ng et al. (2013). Los autores informaron datos de 188 países de individuos de 2 a ≥80 años, separados por sexo, grupo de edad, región del mundo y estado de desarrollo (países desarrollados versus países en desarrollo). Este estudio único concluyó que en algunos países de Oceanía, África del Norte y Oriente Medio, la prevalencia de la obesidad (índice de masa corporal (IMC) ≥ 30 kg / m2) en 2013 superó el 50% de la población adulta, lo que es sumamente alarmante. La prevalencia de la obesidad fue menor, pero todavía muy alta en otras partes del mundo, como en América del Norte, donde un tercio de la población adulta es obesa, o en Europa occidental, donde una quinta parte de los adultos son obesos.

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Figura 1. Número de publicaciones enfocadas en la obesidad (con el término obesidad incluido en el título).

¿Qué significa la obesidad realmente y cómo se asocia con la enfermedad cardiovascular?

Esto puede parecer una pregunta sencilla e irrelevante, pero en realidad no lo es. Muchos responderían que la obesidad significa un exceso de adiposidad, medido por el porcentaje de grasa corporal (BF%, siglas en inglés ”body fat”), mientras que otros dirían que la mayor parte de lo que actualmente sabemos acerca de los efectos adversos de la obesidad en la salud se basan en la obesidad definida por el índice de masa corporal (IMC), y, por lo tanto, la obesidad también podría significar un exceso de peso corporal, que es lo que el IMC mide directamente.

El meta análisis realizado por Flegal et al. (2012) concluyó que, en comparación con el peso normal, el sobrepeso y la obesidad leve (clase I, IMC = 30-34.9) se asoció con menor mortalidad por enfermedad cardiovascular (ECV). Estos hallazgos han sido extremadamente polémicos y algunos han culpado a ese IMC como una medida inexacta de la adiposidad total para ser responsable de estos resultados inesperados.

Estamos de acuerdo en que IMC incluye un error de estimación al evaluar la adiposidad porque por definición el IMC es una altura normalizada, suma de masa grasa (FM, siglas en inglés ”Fat mass”) más masa libre de grasa (FFM siglas en inglés ”Fat-free mass”, es decir, peso corporal total dividido por la altura al cuadrado [m]). Basándose en esto y suponiendo que es el exceso de adiposidad el que predice la mortalidad, se esperaría que una medida exacta de la adiposidad, tal como él % BF, sería un predictor más fuerte de mortalidad que el IMC. Sin embargo, los estudios que comparan directamente el IMC y el BF% (es decir, categorizando ambos de una manera idéntica para que los resultados sean comparables) son escasos.

La razón de la información limitada es que pocos estudios de cohorte centrados en la mortalidad por enfermedades cardiovasculares han incluido una evaluación precisa del porcentaje de BF en su examen inicial porque estos métodos son más complejos, costosos y consumen más tiempo que medir el peso y la estatura y calcular el IMC.

Es bien sabido que los altos niveles de FM empeoran la mayoría de los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular, como los lípidos plasmáticos, la presión arterial, la glucosa / resistencia a la insulina y la inflamación. Sin embargo, es menos conocido por la población general que los altos niveles de FFM también podrían tener algunos efectos perjudiciales en la salud cardiovascular.

Imagen 2.
Figura 2. Persona obesa en la báscula.

Los individuos obesos (como se define en un IMC> 30 kg / m2) tienen altos niveles no sólo de FM sino también de FFM. Se ha informado anteriormente que una mayor FFM explica en gran medida el mayor volumen de sangre circulante que se ha observado en los individuos obesos. Esto aumenta el volumen sistólico del ventrículo izquierdo (LV), que a su vez aumenta el gasto cardíaco. Estos cambios suponen una carga extra pesada en el corazón, lo que provoca alteraciones ventriculares (tanto a la izquierda como a la derecha) que, en última instancia, conducen a hipertrofia ventricular (izquierda y derecha) y agrandamiento, predisponiendo a ”fallo cardíaco”. Se proporcionará información más detallada sobre la fisiopatología y la hemodinámica de la enfermedad cardiovascular en otras entradas.

Esta noción está respaldada por estudios recientes que han observado una asociación positiva entre FFM / masa magra y factores de riesgo de ECV en los jóvenes. Bigaard et al. 2004 observaron una asociación inversa entre el índice FFM (FFM en kg dividido por la altura al cuadrado [m]) y la mortalidad por todas las causas, usando impedancia bioeléctrica para evaluar la composición corporal y ajustar adicionalmente por FM (FM en kg dividido por la altura al cuadrado [m]) lo que podría haber atenuado la asociación porque se sabe que las personas obesas tienen un alto FM y alto FFM.

 Combinando todas estas pruebas en conjunto, las consecuencias fisiológicas acumuladas de alta FFM y alta FM para la ECV pueden explicar por qué IMC, que incluye tanto FFM y FM (de hecho, BMI es matemáticamente la suma del índice FM + índice FFM), ha demostrado consistentemente ser un fuerte predictor de enfermedad cardiovascular. Apoyando esta hipótesis, se ha observado recientemente que la medida simple y barata del IMC era un predictor más fuerte de la mortalidad por ECV que las mediciones totales de adiposidad evaluadas por los métodos estándar de oro, y también que un alto índice FFM es un fuerte predictor de mortalidad por ECV.

Tal vez el BMI no es una medida tan mala, a pesar de ser muy discutido durante muchos años. Esta noción también está en línea con las ideas del Dr. Wells, un conocido experto en análisis de composición corporal, quien recientemente señaló que “el IMC no es un buen índice de la adiposidad, pero puede ser un buen índice de riesgo cardio-metabólico”. A pesar de muchas críticas, el IMC sigue siendo el índice antropométrico más utilizado en la literatura y persiste como un fuerte predictor de la mortalidad por ECV, ello proporciona más apoyo al uso del IMC y las nuevas explicaciones fisiológicas sobre su relación con la ECV.

En próximas entradas hablaremos sobre el paradigma Fut but Fit y su relación con la enfermedad cardiovascular, además comentaremos otros aspectos en relación a la obesidad, como el concepto de obeso metabólicamente sano, así como el comportamiento de la variabilidad de la frecuencia cardíaca en personas obesas.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Ortega, F. B., Lavie, C. J., & Blair, S. N. (2016). Obesity and cardiovascular disease. Circulation research, 118(11), 1752-1770.

 

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