Cadenas miofasciales: Línea Posterior Superficial. Parte 2.

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Como comentamos en la entrada anterior (Cadenas miofasciales: Línea Posterior Superficial. Parte 1), la línea superficial posterior no solo conecta el pie con la rodilla, sino que continúa su recorrido hasta llegar al cuero cabelludo.

Vamos a seguir nuestro camino hasta llegar a la parte más superior de esta línea, deteniéndonos en algunas zonas para profundizar más en ello, pero intentando simplificar al máximo sin dejar nada importante en el camino.

1. Desde la rodilla hasta la cadera

  • Asumiendo que las piernas están estiradas y las rodillas extendidas, continuamos nuestro recorrido ascendente por el continuo miofascial facilitado por los músculos isquiosurales, lo que nos lleva a la cara posterior de las tuberosidades isquiáticas.
  • Los dos isquiosurales mediales, el semimembranoso y el semitendínoso, se complementan con el único isquiotibial lateral, el bíceps femoral.
  • Los tres isquiosurales actúan sobre la rodilla y la cadera.

Diferencia de los músculos isquiosurales

No todos funcionan igual, de hecho, tienen funciones iguales y a la vez diferentes.

  • Los músculos isquiosurales situados en posición medial (el semitendínoso y el semimembranoso) son responsables de la rotación interna de la tibia cuando la rodilla está flexionada.
  • El isquiosural lateral, el bíceps femoral, es responsable de la rotación externa de la pierna sobre el fémur en la misma situación.

Para llevar a cabo estas funciones independientes, los dos grupos de músculos deben ser capaces de trabajar por separado.

Practiquemos un poco

Para comprobar hasta qué punto son independientes las funciones de los isquiosurales internos y externo, indique a la persona que se tumbe en decúbito prono, preferiblemente con la rodilla flexionada para acceder más fácilmente, y comience a recorrer en sentido ascendente el espacio entre los dos grupos de isquiosurales, justo por encima de la zona del hueco poplíteo.

Para tratar la unión de los isquiosurales, inserte sus dedos entre los músculos en el nivel más bajo de la unión mientras su paciente continúa realizando una rotación lateral y medial de la pierna con la rodilla doblada. La fascia de unión irá liberándose de forma gradual, permitiendo que sus dedos se hundan hacia el fémur.

  • Si la tibia está rotada en sentido medial (se valora por la dirección adoptada por la tuberosidad tibial en relación con la rótula, los bordes externos de la rótula y la tuberosidad tibial deberían formar un triángulo isósceles), será necesario un trabajo manual o estiramientos en el grupo medial de músculos isquiotibiales (semitendínoso y semimembranoso).
  • Si la tibia se orienta hacia fuera, será necesario trabajar las dos cabezas del bíceps femoral. Los tejidos deben trabajarse hacia la rodilla.

2. De la cadera al sacro

Figura 1. Vías anatómicas. Este ligamento se conecta, al menos superficialmente, a la fascia sacra y al erector de la columna, por arriba, y al bíceps femoral, por abajo.

Podríamos pensar que el glúteo mayor sería la opción, ya que cubre la inserción de los isquiosurales, pero lo hace claramente en un plano fascial más superficial. En cuanto al cuadrado femoral, el aductor mayor o el gemelo inferior, que se localizan en un plano similar, todos ellos suponen un cambio radical de dirección contrario a las reglas de las vías anatómicas, por lo que no formarán parte de esta línea.

Si por el contrario, nos centramos en las fascias, no están bloqueadas en absoluto: el ligamento sacrotuberoso parte de la cara posterior de la tuberosidad, como una clara continuación de los músculos isquiosurales, y atraviesa el borde lateral del sacro, justo por encima de la unión sacrococcígea.

El extremo inferior del ligamento continúa a los músculos isquiosurales. De hecho, el tendón del isquiosural lateral, el bíceps femoral, puede aislarse en la disección y seguirse hasta el sacro.

 3. Del sacro al occipucio

El erector de la columna parte de las hojas de la fascia sacra continuando al ligamento sacrotuberoso.

El erector de la columna recorre esta desde el sacro hasta el occipucio, con los exprés (músculos más superficiales) del longuísimo y el complejo iliocostal superpuestos sobre los locales cada vez más profundos y cortos del espinoso, semiespinoso y los multífidos.

Las hojas más superficiales de la fascia de este grupo, los (exprés), unen el sacro al occipucio. Debemos percatamos de que aunque los erectores son parte de lo que se denomina línea posterior superficial, existen aquí otros planos de miofascia más superficial que se superponen a la línea en la forma de los músculos serratos posteriores, el esplenio, el romboides, el elevador de la escápula y la musculatura superficial del hombro constituida por el trapecio y el dorsal ancho. Estos músculos forman parte de la línea espiral y las líneas braquiales y funcionales (las veremos en entradas posteriores).

Fascia del erector de la columna 

Figura 2. Vías anatómicas. El erector de la columna constituye la siguiente vía de la LPS. Los músculos van desde el sacro hasta el occipucio;  la fascia va desde el ligamento sacrotuberoso hasta la fascia epioraneal. A la izquierda pueden observarse algunos de los <<loca|es» subyacentes del transversoespinoso:los intertransversos, los rotadores y los elevadores de las costillas.

Dado que el músculo erector de la columna cubre la parte posterior de las curvaturas de la columna, este determina, junto con los músculos que se insertan en la cara anterior de la columna cervical y lumbar, el grado de aquellas. Teniendo esto en cuenta, nuestra primera consideración es el grado de las curvaturas de la columna: ¿presenta lordosis cervical o lumbar o bien cifosis torácica?

Observaremos si .., ¿sobresalen las apófisis espinosas, a modo de prominencias o de cresta como si fueran montañas? o ¿se hunden entre los tejidos miofasciales circundantes en un surco como si fueran valles?

  1. En el caso de sobresalir (montañas) será necesario mover estos tejidos hacia la línea media, hacia las apófisis espinosas, no sólo para liberar los tejidos y permitir el movimiento, sino también para imprimir cierto impulso anterior a aquellas vértebras que están demasiado atrás.
  2. Por el contrario, cuando las vértebras están hundidas (como ocurre en la lordosis), los tejidos miofasciales adyacentes se desplazan hacia la línea media se tensan, constituyendo así la “cuerda” del arco formado por la columna. Estos tejidos deben trabajarse hacia exterior y elongarse progresivamente desde la superficie hasta la profundidad. Esto concederá cierto espacio a las  vertebras hundidas para que retrocedan.
Figura 3. Vías anatómicas. El plano más profundo de la musculatura espinal muestra tres modelos principales: de una apófisis espinosa a una apófisis transversa, entre apófisis espinosas y entre apófisis transversas. Los músculos más superficialespueden considerarse los exprés, cada vez más largos, de estos locales primarios.

Para saber más sobre la columna y las vértebras: Curvaturas y vértebras

¿Cómo podemos ver si existe alguna limitación de movimiento?

Para evaluar la capacidad de elongación de los distintos niveles de la columna, indicaremos a la persona que se siente en un taburete y la ayudaremos a adoptar una posición erguida con el peso sobre las tuberosidades isquiáticas y el cuello bien estirado, pero manteniendo la barbilla horizontal (mirando directamente hacia delante). Indicaremos que acerque la barbilla al tórax hasta que sienta cómo se estira la región posterior del cuello, sin molestias. Dejar que el peso de su frente comience a llevarle hacia delante vértebra a vértebra. Busque aquellos puntos en los que alguna apófisis espinosa no se separa de las demás. Salvo en las columnas más sanas, encontrará puntos donde un par de vértebras, o incluso un grupo de ellas, se mueven juntas, sin ninguna diferenciación. Es posible que los pacientes/clientes con más limitaciones muevan la columna como una pieza, logrando la mayor parte de su desplazamiento mediante la flexión de las caderas, más que flexionando la propia columna.

¿Cómo podemos actuar si nos encontramos con una zona hipomóvil?

Trabajar el erector de la columna y la fascia relacionada en contracción excéntrica, con el paciente sentado, es un método muy eficaz para provocar un cambio en el funcionamiento de la miofascia que rodea la columna. Podemos colocar suavemente nuestra mano sobre una zona agarrotada y anima a la persona a buscar la flexión o el movimiento de esa parte de la columna.

También puede realizarse un tratamiento manual más enérgico. Colóquese de pie tras el banco, y al tiempo que el paciente comienza a inclinarse hacia delante con la barbilla ligeramente recogida, coloque el puño relajado y suelto a ambos lados de la columna, en la unión cervicotorácica. Vaya bajando a medida que el paciente se va inclinando, siguiendo su mismo ritmo y moviendo el tejido hacia abajo y hacia afuera o hacia abajo y hacia dentro (dependiendo de si hay montañas o surcos, como hemos descrito en párrafos anteriores).

Debería alcanzar la fascia sacra más o menos cuando el paciente se haya inclinado completamente, tocando pecho con muslo.

Es muy importante que el paciente no pierda el apoyo de sus pies, de forma que pueda contrarrestar desde ellos, y no desde la espalda o el cuello, la presión que usted está ejerciendo.

Abandonar la técnica si se refiere dolor.

La presión debe ejercerse más hacia la parte baja de la espalda que hacia delante.

Podríamos utilizar dos pelotas de tenis, nudillos o codo, en función de la vigorosidad que deseemos ejercer, ya que no todas los columnas están igual de fuertes y no todas las zonas son igual de fuertes. Indique al paciente o cliente que se curve en el sentido opuesto, proyectando su esternón hacia la pared de enfrente. Manténgase a la espalda del paciente a medida que este se abre en hiperextensión con las caderas flexionadas.

Para lograr la apertura del tórax y la columna torácica, podemos indicar que lleve el esternón hacia delante mientras nosotros presionamos la zona rígida.

4. Suboccipitales

Los planos musculares más profundos son cruciales para la apertura de toda la LPS; de hecho, los músculos rectos posteriores y los músculos oblicuos de la cabeza pueden considerarse los centros funcionales de la LSP.

El elevado número de receptores de estiramiento presentes en estos tejidos y su relación fundamental con acciones que van desde los movimientos oculares hasta la coordinación del resto de la musculatura dorsal garantizan su papel central.

Para apreciar esta unión por sí mismo, coloque las manos a ambos lados de la cabeza con los pulgares justo por debajo de la nuca. Mueva sus pulgares suavemente hasta superar los músculos superficiales de forma que pueda sentir los más profundos bajo la cresta occipital.

Figura 4. Vías anatómicas. El grupo de músculos suboccipitales, pequeños pero esenciales, constituye el centro funcional de la LPS.

Aunque nosotros estamos en posición erguida, nuestra relación entre cabeza, cuello y columna superior funciona de una forma muy parecida. Así, cómo utilice sus ojos, y más concretamente, cómo utilice su cuello, determinará el tono habitual del resto de su musculatura dorsal. Esto funciona para diversos patrones posturales que vemos a diario en nuestra práctica profesional: con frecuencia la clave de problemas rebeldes entre los omóplatos, en la columna lumbar e incluso en las caderas pasa por liberar el cuello.

La retracción del cuello y la cabeza constituye un elemento fundamental de la respuesta al miedo. Miedos incluso desde la infancia se integra en nuestro movimiento como un estado socialmente aceptable, no perceptible, pero aun así cada vez más dañino.

Los cuatro músculos suboccipitales que forman parte de la LPS son el recto posterior menor de la cabeza (RPMC), el recto posterior mayor de la cabeza (RPMyC), el oblicuo menor de la cabeza (OMC) y el oblicuo mayor de la cabeza (OMyC), que corren entre el occipucio, el atlas (C-1) y el axis (C-II). Mientras las apófisis transversas (AT) de C-l son bastante grandes, la apófisis espinosa (AE) es bastante pequeña.

 

Figura 5. Vías anatómicas. Vista inferior de la base del cráneo. Los tres dedos medios de cada mano suelen coincidir “convenientemente” con el origen de los tres músculos suboccipitales en el plano profundo de la columna superior.

Para revertir el problema postural habitual del desplazamiento anterior del occipucio sobre el atlas (tracción anterior del occipital o flexión axial), debe favorecer la elongación y liberar los músculos suboccipitales.

Figura 6. Vías anatómicas. Parte lateral de la zona suboccipital.

Tendido en supinación, colocar la mano bajo su cabeza, de manera que quede bajo sus dedos y poder combatir la hiperextensión postural del cuello, necesitaremos liberar el recto posterior mayor de la cabeza, ligeramente más prominente, situado bajo sus dedos corazón (mientras el paciente moviliza los músculos largos de la región anterior del cuello).

5. Desde el occipucio hasta el arco superciliar

Desde la cresta occipital, la LPS sigue ascendiendo por el occipucio, superándolo a medida que las distintas hojas se van fundiendo en la galea aponeurótica o fascia epicraneal; esta incluye las pequeñas bandas de los músculos occipitales y frontales, todos ellos claramente orientados en la misma dirección que la LPS. Finalmente, concluye en una fuerte inserción en la ceja o el arco superciliar, situado en el hueso frontal justo por encima de la cavidad orbitaria.

6. Cuero cabelludo

Figura 7. Vías anatómicas. El cuero cabelludo es un área muy útil para corregir la postura habitual de la cabeza, pero también para liberar los extremos superiores de los meridianos miofasciales de las vías anatómicas.

Aunque el cuero cabelludo pueda parecer una simple cubierta del cráneo con escaso componente muscular, es un área activa de la LPS, y de otras líneas, donde puede obtenerse un alto grado de liberación miofascial. El cuero cabelludo es el final de varias líneas longitudinales, de forma que tirar y soltar a este nivel puede asemejarse a jugar con las cuerdas de una marioneta.

En los individuos con un desplazamiento anterior de la cabeza, las inserciones fasciales de los erectores ascienden deslizándose sobre la región posterior del occipucio en busca de un mayor efecto sobre el cráneo.

Parte de la solución, junto con aflojar las tracciones ejercidas desde las líneas anteriores profunda y superficial y corregir una respiración defectuosa, es liberar estas inserciones fasciales adicionales en la parte posterior para permitir la elevación de la cabeza.

Es importante señalar que las tensiones de cualquiera de las líneas cardinales anterior, posterior o laterales, de la línea espiral o de la línea posterior superficial del brazo pueden manifestarse aquí.

Un cuero cabelludo con un exceso habitual de tensión puede liberarse suavemente aplicando las yemas de los dedos con movimientos circulares lentos, moviendo la piel sobre el hueso hasta sentir el cuero cabelludo ablandarse y liberarse del cráneo subyacente. Este método puede ser especialmente eficaz si emplea las yemas, no las puntas de los dedos, e insiste en ablandar, no en forzar.

7. Neurocráneo y LPS

Aunque existen otras conexiones fasciales que descienden por la cara desde la frente, son muy superficiales y laxas; por tanto, no constituyen una línea de tensión estructural.

Estiramientos generales

Figura 8. Vías anatómicas. Algunos estiramientos de forma general

Conclusión

A la hora de trabajar con ejercicio físico, debemos tener en cuenta que una LSP móvil y flexible permite la flexión de la cadera y el tronco con las rodillas extendidas y es responsable de la hiperextensión del tronco, la flexión de la rodilla y la flexión plantar. Por tanto, los distintos tipos de inclinaciones hacia delante son buenas formas de estirar el conjunto o ciertas partes de la línea, mientras que la hiperextensión postural es una marca del hipertono o el acortamiento de la miofascia de la LPS. Los ejercicios de extensión movilizarán la LPS y la tonificarán donde sea necesario.

La línea posterior superficial tiene en cuenta la zona plantar, tríceps sural, isquiosurales, ligamento sacrotuberoso, erector de la columna, suboccipitales y cuero cabelludo, como líneas de conexión a través de las miofascias (tejido conjuntivo).

BIBLIOGRAFÍA

  1. Myers, T. W. (2014). Vías anatómicas. Meridianos miofasciales para terapeutas manuales y del movimiento. Elsevier España.

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