Anatomía del sistema fascial

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El sistema músculo esquelético del cuerpo humano no flota en el vacío. Existe una relación con otros sistemas corporales con los que se integra y sostiene, ya desde la etapa embrionaria hasta todo lo largo de la vida.

El sistema fascial es el sistema de unificación estructural funcional del cuerpo. Su continuidad no solo se debe enfocar en músculos, articulaciones y huesos, sino que también en cuanto a una continuidad de función en las cavidades torácica, abdominal y pélvica. Actúan de soporte a las vísceras y formando una estructura de protección y conexión para los sistemas vascular, nervioso y linfático a lo largo de todo el cuerpo, por lo que la movilidad, elasticidad y capacidad de deslizamiento no puede ser apreciada disecando cadáveres, tal como se hacía algunos años atrás: este sistema presenta una vascularización, ya que las venas “desaguan” en las venas del tejido subcutáneo.

Estructura anatómica del sistema fascial

Al enfocar el sistema fascial como un sistema morfológico y dinámico del cuerpo, deben incluirse en sus análisis, no solo las láminas que rodean los músculos y las vísceras, sino también ese gran volumen de tejido que envuelve cada célula viviente, así como también el líquido que rellena las cavidades y los espacios serosos (5).

Aunque el sistema fascial en realidad se conecta entre sí formando un sistema único y  continuo del cuerpo, podemos dividirlo en superficial y profundo (5).

  1. La fascia superficial forma una lámina uniforme en todo el cuerpo, aunque varía su densidad según la región corporal. Son más densas en las extremidades y más laxas en la cabeza, nuca, tórax y abdomen, y más fina en la región del periné.
  2. La fascia profunda es más compleja. Parece ser el tejido de integración estructural y funcional del organismo en ambos niveles, macroscópico y microcóspico, refiriéndose a conexiones entre distintos sistemas corporales, como por ejemplo, el nivel muscular, visceral, intracraneal, y también las conexiones dentro de cada músculo, cada nervio o cada víscera.
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Figura 1: El sistema miofascial. Fuente: Google.

1. Fascia superficial

La fascia superficial está adherida a la piel y atrapa la grasa superficial. Las capas del sistema fascial son las que delimitan la profundidad del tejido adiposo en cada región. Por ejemplo (3):

  • En la zona del periné la grasa es prácticamente inexistente, al contrario que la región axilar.
  • También determina la capacidad de deslizamiento de la piel. La piel es muy móvil a lo largo del cuerpo por lo general, aunque existen zonas de movilidad muy reducida, situados en sitios donde el deslizamiento excesivo no debería de existir, ya que son las zonas que requieren mucha estabilidad, como los glúteos, planta de los pies y palmas de las manos. En estos lugares la fascia superficial se pega directamente a las láminas aponeuróticas.

El sistema fascial superficial está formado por una red que se extiende desde el plano subdérmico hasta la fascia muscular. Se compone de numerosas membranas horizontales, muy finas, separadas por cantidades variables de grasa y conectadas entre sí a través de los septos fibrosos del recorrido vertical u oblícuo (5).

De este modo, las expansiones de la fascia superficial se conectan con la dermis, encasillando la grasa superficial en los compartimentos verticales. En su recorrido, la fascia superficial, de modo similar, se conecta con el sistema miofascial, formando junto a este una unidad funcional.

La anatomía del sistema fascial superficial difiere atendiendo a los siguientes factores (5):

  • Sexo: las diferencias se observan en la región pectoral  (debido a los senos) y en la región pélvica.
  • Cantidad de grasa acumulada: la grasa varía y puede confundir entre una persona y otra.
  • Entre las principales funciones de la fascia superficial, a parte de su función nutritiva, destacan el soporte y la definición de los depósitos de grasa del tronco y de las extremidades, así como también el sostén de la piel con referencia a los tejidos subyacentes.
  • La piel, el tejido adiposo superficial y la fascia superficial, se pueden considerar como unidad protectora y de soporte funcional para el tronco y las extremidades.

En definitiva, en el sistema fascial superficial sano, la piel puede moverse fácilmente sobre la superficie de los músculos. Parece ser que en la fibromialgia o en el dolor miofascial crónico, casi siempre está adherida, sin posibilidad de desplazamiento libre.

2. Fascia profunda

La fascia profunda está constituida por un material más fuerte y denso que el que constituye la superficial. Esta densidad queda determinada por la proporción de fibras que la componen. En base a la densidad del tejido del colágeno, la fascia se puede dividir según su función en el tejido de unión, de revestimiento, de transmisión,  de sostén y soporte, de protección, de amortiguación, hemodinámico, de defensa, de comunicación y de intercambio y bioquímico (4).

La fascia profunda se encuentra unida a la superficial a través de conexiones fibrosas. El sistema fascial profundo soporta, rodea y asegura la estructura y la integridad de los sistemas muscular, visceral, articular, óseo, nervioso y vascular. Esta fascia cubre las áreas corporales protegiéndolas y dándoles forma.

  • La miofascia: No solo cada músculo del cuerpo está rodeado por la fascia, sino que también lo están todos sus componentes, las fibras y los haces. Esto lo abarcaremos más profundamente en artículos posteriores, ya que es de vital importancia en el buen funcionamiento de las cadenas musculares.
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Figura 2: Fuente (1).

 

El sistema fascial tiene dos ritmos

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Figura 3: Ritmos del sistema fascial. Fuente: Ibay López.

Como muestra la imagen, el sistema fascial tiene dos ritmos de respuesta y adaptación ante cada gesto y situación (2):

Un ritmo rápido para responder ante la transmisión de la tensión y la compresión ante cualquier situación: desde un traspiés en un escalón a un susto que nos hace encogernos y emprender la respuesta de lucha y huida orquestada por el sistema nervioso simpático.

Un ritmo lento para la compensación de las consecuencias a largo plazo desencadenadas por las adaptaciones neuroendocrinas, estructurales y viscerales entre otras, ya que el cuerpo se mueve, funciona y actúa como un todo en busca del equilibrio interno y el equilibrio con el entorno.

Por eso es necesario insistir en que la liberación miofascial es un concepto global, orgánico, vital, dado que cualquier restricción, sea a nivel microscópico o macroscópico influirá en la dinámica de los fluidos corporales, en la perfusión a los órganos y células que los constituyen, alterando su función, ya sea el movimiento o la oxigenación, el filtrado o la expulsión de residuos.

Conclusiones

Desde un punto de vista estructural, la buena salud y el equilibrio en nuestro sistema fascial, siempre receptivo a los estímulos fisiológicos, nos permitirá sentir más y mejor cada instante y momento de la vida, respondiendo ante cada demanda, cada gesto o acción corporal, y desencadenándose una serie de estímulos fisiológicos que variarán de extremo a extremo en función de cómo los realicemos.

En todo este entramado tridimensional, fibrilar, colagénico e hidratado donde los entornos son en ocasiones de consistencia semilíquida y gelatinosa, donde la rigidez la marcará el desuso, el sobreuso o el mal uso…, hay que destacar su capacidad de respuesta y adaptación.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Busquet, L. (2005). Las cadenas musculares (Tomo 2). Lordosis, cifosis, escoliosis y deformaciones torácicas.
  2. Educación Funcional Para el movimiento humano. Ibay López Martínez
  3. Myers, T. W. (2014). Vías anatómicas. Meridianos miofasciales para terapeutas manuales y del movimiento. Elsevier España.
  4. Paoletti S, Sommerfeld P. Las fascias: el papel de los tejidos en la mecánica humana. Barcelona: Editorial Paidotribo; 2004.
  5. Pilat, A. (2003). Terapias miofasciales: Inducción miofascial. McGraw-Hill Interamericana de España.

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